El país empieza a pensar en las energías alternativas

El Gobierno reglamentó parte de una ley que incentiva autogeneración y venta de excedentes a la red.

Del “fantasma del apagón”, como lo llamó el presidente Juan Manuel Santos, no solo nos salvó el ahorro de energía en casas y empresas, sino la capacidad que tienen algunas industrias para generar electricidad, incluso más de la que necesitan.

La crisis por el fenómeno del Niño hizo que, por primera vez, estas compañías le vendieran cantidades representativas de sus excedentes de energía al Sistema Interconectado Nacional (SIN). Aunque desde el 2014 una ley definió el marco normativo para promover las energías no convencionales, apenas el 6 de marzo de este año la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) reglamentó los lineamientos para que industrias de diversos sectores, que producen su propia energía, pudieran vender sus excedentes a precio de bolsa, que sube en épocas de sequía.

Antes de la norma, estos cogeneradores (como se les conoce en el sistema) que en marzo produjeron 56,34 gigavatios –el equivalente al 1,01 por ciento de la demanda total de ese mes– no tenían incentivos para comercializar la energía que les sobraba.

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En mayo del 2014 se aprobó en el Congreso de la República la Ley 1715, que establece un marco jurídico para incentivar y promover las energías no convencionales en el país, pues en Colombia el 70 por ciento de la energía viene de las hidroeléctricas y el respaldo lo dan las termoeléctricas.

“Hace muy poco, la (Creg) sacó la resolución que reglamenta ese artículo de la Ley 1715 para que los industriales, como Argos, vendan sus excedentes”, asegura Amylkar Acosta, exministro de Minas y Energía y quien promovió la ley.

La norma definió que el Ministerio de Minas y Energía debía expedir, dentro de los doce meses siguientes, los lineamientos de política energética. La Creg, por su parte, quedó con la obligación de establecer los procedimientos para la conexión, operación, respaldo y comercialización de la energía proveniente del sector industrial, mientras que la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme) tenía que definir el límite de potencia máxima de la autogeneración.

Como la ley no está reglamentada por completo, “las decisiones de inversión están paradas mientras se espera que se termine de reglamentar”, dice Andrés Taboada, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana de Energía.

El Ministerio cumplió con su parte en diciembre del 2014, pero solo a principios de marzo de este año la Creg les dio la posibilidad a los cogeneradores, a través de la resolución 025, de vender sus excedentes a precio de bolsa, ya que antes solo les reconocían el precio de escasez, un límite que bajó de nivel por la caída de los precios del petróleo.

“Consideramos que estos incentivos representarán ahorros importantes en la inversión, los cuales pueden estar entre el 15 por ciento y el 30 por ciento de los costos de esta”, asegura el Ministerio de Minas.

Además de los beneficios, ya está en vigencia la exoneración del pago de aranceles a los interesados en importar los equipos para el montaje de una planta solar u otras de energías no convencionales, como la eólica (aprovechando el viento).

Para ello, cuando se presenta un proyecto ante el Ministerio de Minas y Energía, la entidad expide un certificado y, con el documento, el interesado puede quedar exento de pagar el IVA y los aranceles.

Hasta el jueves pasado, la Upme aprobó el primer proyecto de energías limpias favorecido por los incentivos de la Ley 1715. La empresa beneficiaria, Synkrom Solar, ubicada en Buga (Valle del Cauca), quedó exenta del IVA de 400 paneles solares, con una potencia de 111 kilovatios.

Sin embargo, conocedores del sector energético, como Azahara López, presidenta de la Asociación de Energías Renovables (SerColombia), asegura que la medida no es suficiente para llegar a un modelo energético viable.

“Evidentemente, con los incentivos fiscales, el decreto de autogeneración, venta de excedentes y toda la parte de zonas no interconectadas es un apoyo importante. Pero no es que gracias a la 1715 se consiga que penetren las renovables en la matriz del país. Faltan ajustes de política energética y regulatorios”, dijo.

Otro aspecto que destacan expertos como López o Rodrigo Castellanos, gerente general de Derivex, empresa especializada en el mercado de derivados de commodities energéticos, es que, además de hacer unos marcos regulatorios más robustos, hay que replantear el modelo.

“La Ley 1715 da un incentivo de carácter tributario, pero lo que se requiere para que las renovables se desarrollen es que haya un cambio en la estructura con la que se genera la expansión del sistema”, señaló.

Por ejemplo, según explica Castellanos, el mecanismo que utilizan otros países para desarrollar este tipo de tecnologías, además de los subsidios, es asegurar los ingresos de largo plazo para que las inversiones tengan sentido.

Así, los modelos energéticos de países como China o Estados Unidos garantizan que aquellas empresas o particulares que inviertan en estos proyectos consigan que sea un negocio viable.

Autogeneradores

Grandes empresas como Cementos Argos, Cémex, Cartón de Colombia y Ecopetrol ya optaron por la autogeneración y cogeneración de energías alternativas (renovables y no renovables).

Cementos Argos, por ejemplo, está generando el 85 por ciento de la energía que consume y le entregó al SIN unos 30 megavatios que, sumados al ahorro en sus instalaciones, implicaron el 10 por ciento de la meta de ahorro nacional. En la recién inaugurada planta de Neiva, la empresa hace uso de la energía solar para iluminar las oficinas.

Ecopetrol es otra de las empresas autogeneradoras. El grupo y sus socios y filiales le aportaron 57,5 megavatios al sistema, lo que equivale a menos del uno por ciento del consumo diario nacional. Sus plantas están ubicadas en las refinerías de Barrancabermeja y Cartagena. Además, está construyendo 13 plantas de autogeneración en los campos de Cantagallo, Yariguí, Casabe, Tibú y El Centro, entre otros.

Asimismo, compañías dedicadas a la generación y comercialización de energía como Celsia, filial del Grupo Argos, están invirtiendo en proyectos de energías limpias. “Hace dos años, en nuestra sede en Yumbo construimos uno de los laboratorios de energía solar más grande de Colombia. Hoy hemos instalado paneles en algunas ciudades de Colombia. Además, buscamos tener en el mediano plazo 250 megavatios instalados de energía solar en Colombia y Panamá en nuestras granjas solares”, señala la empresa.

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Pero no solo las grandes compañías son autogeneradoras; las instituciones educativas, fundaciones sin ánimo de lucro y pequeñas empresas dedicadas a promover las energías no convencionales en Colombia también lo hacen. El Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), en alianza con la empresa Sunset Solar, instaló dos plantas fotovoltaicas: una en el Centro de Electricidad, Electrónica y Telecomunicaciones (Ceet) de Bogotá y la otra en el Centro Regional, en Puerto Carreño (Vichada).

A su turno, organizaciones sin ánimo de lucro como la Fundación Centro de Entrenamiento de Energías Renovables (Funcener) también están generando su propia energía. Por ejemplo, su sede de operaciones es, en su mayoría, abastecida por paneles solares y una turbina eólica.

Y si bien Colombia tiene mucho por hacer para alcanzar a líderes en energías limpias, la Ley 1715 y la última resolución de la Creg son pasos para que el país las adopte.

Fuentes de generación renovables

Aunque las fuentes de energía más exploradas en el país son la eólica y la solar, hay otras que también pueden ser una opción confiable. La Ley 1715 contempla estos tipos de energía y quiere impulsar su desarrollo:

Biomasa: es la energía obtenida a partir de desechos orgánicos. En Colombia, los ingenios del Valle y los palmicultores procesan los desechos derivados de su producción para generar energía. Su capacidad de generación pasará de 187 megavatios en 2014 a 360 megavatios en el 2017, según Asocaña.

De la descomposición de los desechos orgánicos también es posible producir gas metano, que puede ser transformado en energía. “Al país le falta darse cuenta de que eso es una fuente importante de energía”, dice Andrés Taboada, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana de Energía.

Mareomotriz: en este caso, a partir del movimiento de las olas se puede producir energía limpia. En el país, la implementación de este tipo de tecnologías ha llegado solo hasta la formulación de proyectos. Según un estudio de la Upme, las costas colombianas tienen un potencial energético de 30 gigavatios.

Solar: esta es la fuente de energía más explorada en el país, después de la hidráulica. Pues, como se menciona anteriormente, varias empresas han optado por instalar paneles en sus establecimientos y los equipos han reducido su precio en un 80 por ciento desde el 2009.

Hidroeléctrica: aunque es la mayor fuente de energía del país, momentos de sequías como las vividas a causa del fenómeno del Niño pueden llevar a la escasez de energía.

Geotérmica: es energía proveniente del calor interior de la tierra. Hasta ahora, en Colombia no hay nada construido, “solo un proyecto de volcanes en Nariño”, comenta Marcela Bejarano, presidenta de la holding AB.

Genere su propia energía

Las zonas con los niveles más altos de radiación solar, como Cartagena o La Guajira, están implementando soluciones energéticas como la que instaló la Policía Metropolitana en Playa Blanca, en la isla de Barú. Pero no solo las instituciones tienen la responsabilidad de implementar alternativas limpias en el país, pues los hogares también pueden generar su propia energía desde su vivienda. “Mi casa funciona 100 por ciento con energía solar. Todos los días recibo uno o dos vecinos que vienen a preguntarme por la energía solar. Es aprovechar nuestras azoteas para generar nuestra propia energía; se puede empezar desde las luces de la casa, o de la vereda, e ir aumentando el sistema para terminar como mi casa, que se alimenta completamente de energías limpias”, cuenta Hugo Serrano, propietario de una casa autosostenible y fundador de la empresa Fuera de Red.

La generación distribuida se trata de eso, de que cada uno produzca energía en casa y que los excedentes vayan a la red eléctrica para así contribuir a un sistema más eficiente.

MARÍA CAMILA GONZÁLEZ
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO